[Roleo Jensaarai] La sombra del tiempo [Kaar]

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Mensaje por Jensaarai el Sáb Ene 05, 2013 8:13 pm



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En la torre de vigilancia más alta del templo Jedi de Carida, Kainet, vigilante, escudriñando los árboles een la distancia, permanecía inmóvil cual estatua, con los brazos cruzados. No iba armado, todas sus posesiones permanecían descansando en distintos puntos. Pero el hecho de que no llevase ningún tipo de arma por primera vez en mucho tiempo se debía a que se sentía pesado. Únicamente portaba un objeto, más que un objeto, un amuleto. El amuleto iba adherido a él desde hacía tiempo. Le había consumido en parte, y aunque le había costado, había sido capaz de contener el espíritu sepultado en él, gracias a su dotación de la fuerza. Y el talismán, no era otro que el legendario talismán de Karness Muur, que cerraba las simulaciones de patas en torno a su antebrazo derecho. Sólo las primeras horas había intentado retirárselo, pero no había sido capaz, así que decidió llevar a cabo una lucha interna contra el amuleto y el espírito de Muur para dominar ambos, y tras mucho tiempo, lo logró. Ahora, ya permanecía ajeno a la amenaza que debía de suponer el poderoso artefacto, en parte porque no había hecho uso de su poder, y no por falta de ganas. Era consciente de lo que le había sucedido en los últimos acontecimientos, pero prefería evitar pensar en ello, aunque de todos modos lo aceptaba. Para evitar llamar la atención, había cubierto dicho amuleto llevando siempre una túnica larga, hiciese frío o calor, estuviese despierto o dormido. Ahora, pese a que se suponía que debía de estar vigilando, tan solo pensaba en el futuro... y en el pasado. Se giró entonces de golpe, viendo de este modo una hermosa luna llena. De remangó, y alzó su antebrazo a la altura de su rostro. Entonces vio el objeto dorado resplandecer ante él, bajo el baño de luz de la luna. Había aprendido tantas cosas en Dahrtag... No quería dejar pasar la cúspide de todo lo que podía llegar a poseer.

Siguió mirando el talismán, y el mundo de posibilidades que se abrían ante él. Ocultó de nuevo el artefacto con la manga de la túnica, y bajó por la torre. Caminó entonces veloz por las escaleras circulares de la misma, sin que sus pasos hicieran el menor ruido, deslizándose en las sombras. Al salir de la torre, se cruzó con otro centinela jedi, cuyo nombre desconocía. Él debía vigilar esa noche la torre, y lo último que quería hacer era levantar las miradas. Si hubiese llevado su sable encima, habría sido diferente. Rápido como el pensamiento, alzó la mano hacia el centinela, empleando la fuerza contra él. Lo lanzó contra la pared que tenía detrás creando una fuerte pero silenciosa onda expansiva. El centinela se estrelló con fuerza contra la pared misma, quedando de este modo, inconsciente. Ahora, Kainet corría por el pasillo a oscuras, en dirección a su celda. Al llegar, no tuvo má que usar la fuerza para abrirla. Cerró la puerta tras de sí, y la estancia se iluminó automáticamente. Su celda llevaba tiempo remodelada, compuesta ahora únicamente de su cama y un cofre, el cual contenía la mayoría de sus sables. Al llegar a su cama, golpeó con su puño la pared, activando así un mecanismo de presión que hizo que apareciese en la pared una pequeña lámina azul. Kainet colocó la yema del dedo pulgar sobre ella, que brilló muy levemente, y desapareció en la pared. Al otro lado de la habitación, se abrió una pequeña puerta; al cruzarla tuvo que encorvarse.

De este modo se adentró en una sala no muy grande, completamente a oscuras. No tuvo más que pulsar un botón en la pared para que la estancia se iluminase, al igual que su celda. Cerró la puerta al adentrarse del todo, y miró frente a él. Encontraba ante sí unas pocas estanterías, algunas vacías, otras llenas. Caminó en silencio, sin mirar a ninguna parte, y se detuvo en el centro de la sala, mirando a una pared, en la cual se mostraba una urna con dos bastones. Estos bastones estaban protegidos por una translúcida aura azul. Kainet extendió su mano, atravesando el aura, y sujetando los dos bastones con ambas manos. Los miró alternativamente, y sobretodo, miró sus extremos. Reconoció el Migrador de Almas, con el cristal Psaro en su extremo, con un intenso color gris. Y en su otra mano, distinguió el bastón del Alma, con el Ladrón del Alma en su extremo, resplandeciendo con un intenso color blanco. Los apoyó en la pared, y comenzó a desvestirse. Notándose desnudo, miró una de las estanterías, la cual estaba completamente abarrotada de distintos ropajes de su padre. Fue cuando la vio: la túnica más simple de todas, únicamente, cubriendo de los pies a los hombros, y con una gran capucha. Desvió levemente la mirada, y reconoció el simple exoesqueleto a modo de armadura que había creado años atrás, con los conocimientos de Vrek Viciouss. Según retiraba los fragmentos del exoesqueleto, que cubrirían gran parte de su cuerpo, se los iba a justando al cuerpo. En cuestión de varios minutos, lo único que cubría su cuerpo era el mismo exoesqueleto, dando de él una imagen más que macabra. Tomó entonces la túnica negra, y se la echó por encima. Al quedarle algo grande, el exoesqueleto no se distinguía mucho bajo ella. Sujetó los dos bastones y se ajustó sus fundas en la espalda. Ahora, caminó en silencio hacia el otro extremo de la sala, donde reposaba una hurna rodeada con un aura similar a la de la de los bastones, con la diferencia de que ésta era algo más pequeña, y resplandecía con un intenso color rojo, que impedía ver con claridad el contenido. Internó la mano en la hurna, notando así una agradable calidez en la misma, y agarró el objeto. Al extraerlo, sostuvo ante sí una espada por su mango. La hoja se tornaba oculta bajo una vaina en apariencia metálica. La desenfundó cuidadosamente, y observó ante sí la magnífica hoja plateada. Conocía el magnífico poder de la espada: envolver su acero en llamas, haciéndola más letal. Una espada impregnada con la fuerza de una manera maestra. La volvió a enfundar, y se la ajustó a la cintura. Paseó entonces un poco más, y sostuvo un sable láser. Era el primero que vio, pero al sostenerlo ante sí supo que pertenecía a un antiguo Sith, ya muerto, de modo que su haz de luz sería rojo. Supuso que éso le vendría mejor que un sable azul o plateado. Le quedaba un sólo artefacto, quizá, el más poderoso de todos. Alzó la mano a la altura de su pecho, y lo reclamó para sí, simplemente. En la palma de la misma apareció una pequeña gema de un tono verdoso. Su tacto era cálido y agradable. Cerró la mano en torno a él, y dio un breve repaso de los objetos que se llevaría con él. Miró, finalmente de nuevo, la gema, conocida como el orbe del pasaje. Sabía a dónde quería ir, y sabía que sufriría un cansancio repentino. Así mismo, sabía que al materializarse, sería descubierto, pero era un maestro de la ocultación, de modo que hasta que lo localizasen, tendría tiempo de recobrar suficientes fuerzas como para hacerles frente a sus rivales. Cerró los ojos, y visualizó la fecha exacta que estaba buscando. Visualizó a su vez un planeta árido, un planeta con edificaciones antiguas y un tanto tétricas. Criaturas de piel roja y túnicas grises caminando en silencio. Espadas que condician la energía de la oscuridad. Seres tenebrosos y amuletos dorados. Rostros consumidos por los siglos, y pese a todo, con vida. Y entonces sucedió: el orbe comenzó a brillar en la palma de su mano, emitiendo destellos entre sus de nuevo cerrados dedos. Los destellos cada vez eran más y más intensos, hasta el punto de que la luz que desprendía superó la luz general de la sala. Y aún así, los ojos de Kainet no se veían afectados. Al momento notó como sus pies se despegaban del suelo, y su cuerpo estallaba en miles de partículas. No sabía cómo, pero se notaba en movimiento, aunque la sensación que notaba ahora era muy desagradable.

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Finalmente, comenzó a recomponerse, ahora completamente ciego, mientras poco a poco notaba como sus funciones vitales volvían a funcionar mientras que recuperaba el sentido del tacto. Al abrir los ojos se tambaleó un poco, mientras notaba el cansancio sobre él, dejándose caer de rodillas. Guardó el orbe en un bolsillo interno de la túnica, y lo cerró con fuerza, mientras respiraba agitadamente. Ya no se encontraba en Carida, sino en un planeta rodeado árido. A su alrededor, a millas de distancia se extendían montañas bajo un cielo amarillento. Y frente a él, a varios kilómetros, una gran ciudad. Sabía que ya había sido detectado, y que no tardarían mucho en partir en su búsqueda. Su plan estaba claro: ocultarse y recuperarse para hacer frente a los peligros que tendría que superar. Sin más, se irguió, dándole la espalda a la ciudad, y caminando ligeramente en dirección contraria a ésta. Había tenido suerte: se había dejado caer en terreno rocoso, el mejor terreno en el que era capaz de moverse. Bajó varios metros de pendiente, y comenzó a caminar entre las salidas rocas agilmente. Conocía los peligros que le acecharían: los peligrosos tuk'ata y todas sus variantes. Los salvajes massassi y posiblemente cazadores sith, por no mencionar a los Lores sith, antaño conocidos como Jedi Oscuros. Posiblemente se librase de los terentatek, ya que había una posibilidad de que aún no hubiesen sido creados. De todos modos no podía permitirse bajar la guardia, aún no...
Comenzó de nuevo a bajar en pendiente, caminando entre grandes rocas, hasta que vio lo que estaba buscando: la entrada de una cueva. Sólo necesitaba que estuviese vacía. Descolgó su sable con resentimiento, pues prefería claramente a Domivat, pero no quería revelarla tan pronto, y menos aún si los Kissai eran capaces de detectarla en acción. Encendió el sable, mostrando su haz de luz rojo, y se internó en la cueva, que se vio iluminada por los destellos que emitía el sable. La cueva no era muy grande ni mucho menos profunda, pero por suerte estaba completamente vacía. Se adentró hasta el final, y apagó su sable. Se sentó de cara a la entrada de la cueva, y se cruzó de piernas, dejando el sable en el suelo, frente a él. Cerró los ojos mientras que despejó su mente, respirando con tranquilidad. Se ayudaría de la fuerza para restabecer su cansancio, de modo que necesitaría estar en plena concentración. Lo único que necesitaba es que la suerte le fuese propicia y que sus posibles perseguidores no fuesen capaces de caminar con la misma soltura que él sobre las rocas.

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Continuará
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Mensaje por Invitado el Sáb Ene 05, 2013 8:21 pm

Nada mal. A ver como se desarrolla.

Me encargaré de este roleo.

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Mensaje por Bergkamp el Sáb Ene 05, 2013 11:47 pm

Me encantó jensa, está muuuy bueno, te felicito Smile

Espero con ansías la segunda parte.
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Mensaje por Invitat el Dom Ene 06, 2013 1:24 am

Mmm veo que harás buen uso de ciertas pertenencias jejeje.

No diré ni buen ni mal roleo, porque es tu roleo, y por ende, como todos tus roleos, es un gran roleo =)

Creo que me leeré los capítulos venideros, cuando me pase por el foro de vez en cuando.

Un saludo.

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Mensaje por Jensaarai el Miér Ene 09, 2013 10:46 pm

Durante el proceso de su curación había entrado en una especie de trance, el cual lo había dejado un tanto ajeno a la expectación de su alrededor. No pudo percibir la agitación que se acontecía kilómetros atrás. Sin embargo, esa misma agitación llegó al escaso alcance de su semi vigilancia, haciendo notar así presencias dispersas avanzando. Kainet abrió los ojos de golpe, mientras se ponía en pie. La energía del ambiente que había retenido en él no había sido suficiente para recobrar sus fuerzas al completo, debido a la inesxistente vegetación del árido planeta. Pese a todo, se había recuperado lo suficiente como para poder pelear y sobrevivir. Ahora su campo de visión se extendía por momentos, y el resultado fue sorprendete para él: más de un centenar de presencias se movían en distintas direcciones, partiendo de la ciudad Sith. Por suerte, la distancia entre la cueva y la ciudad era considerable, de modo que la dispersión de los rastreadores era cada vez más individual. Recogió el sable del suelo y lo colgó de su cinturón, mientras que caminaba a paso rápido hacia la entrada de la cueva. Dos criaturas se acercaban precisamente en la dirección en la que se encontraba Kainet, estarían a diez metros, y él sabía que le iban a encontrar en la cueva, de modo que descolgó la espada Domivat, y salió a la luz. El sol Horuset empezaba ya a desaparecer tras las montañas, pero no fue éso lo que advirtió. A su izquierda, a unos pocos metros, se hallaba una criatura de piel rojiza, un poco más alto que él. En su mano izquierda sostenía una férrea correa que sujetaba el cuello de un enorme perro de casi dos metros de largo, que miraba a los ojos de Kainet mientras mostraba los dientes. Inmediatamente, la criatura de piel roja liberó a la bestia, que se lanzó en carrera hacia Kainet. Éste, mientras tanto, asió con fuerza su espada, cuya hoja, como respuesta, se vio rodeada de llamas. Sujetó la espada entonces con las dos manos, y la alzó a la altura de su pecho. La bestia, pese a todo, no cesó su rápido avance, y a dos metros de Kainet, saltó alzando las patas para empujarle. Pero éste fue más rápido, y aprovechando la confianza de la enorme criatura, se desplazó a su lado a gran velocidad, esquivando el impacto, mientras golpeaba con el filo de la espada el cuerpo de la bestia. Ésta cayó al suelo rodando, pero no se puso en pie, sino que comenzó a chillrar y a retorcerse de dolor. A la vista quedó entonces como su costado mostraba una hilera de fuego que emitía la sangre de la misma. Kainet se giró entonces hacia la otra criatura, que enarbolaba lo que parecía ser un cuerno. Se lo llevó a los labios, y sopló con fuerza, emitiendo entonces un potentísimo llamamiento. Sorprendido, Kainet descolgó el sable y lo lanzó a través de la fuerza hacia el ser, encendiéndolo antes, y así atravesando su pecho. No estaba acostumbrado a acciones tan primitivas, por lo que no había podido reaccionar. Atrajo el sable mediante la fuerza, y lo sostuvo, apagándolo. Se giró entonces hacia el perro, que se retorcía con fuertes sacudidas, mientras el fuego se extendía por su cuerpo. Kainet, notando la agitación a su alrededor, echó a correr pasando por su lado, sin envainar la espada. Apenas llevaba diez segundos corriendo cuando sintió tres presencias a su espalda, y al girar la cara, vio tres más de los enormes perros persiguiéndole, y lo peor es que poco a poco iban ganando terreno.

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Podía sentir cómo más de las mismas criaturas se iban acercando por su lateral e incluso se unían a los captores de su retaguardia. No esperaba tener tantos perseguidores, decenas de perros de enormes proporciones persiguiéndole. No tuvo la oportunidad de trazar un plan, la primera y más rápida bestia se abalanzó sobre él, que rodó por el suelo en el último instante, poniéndose en pie. Pero ya era tarde: estaba acorralado contra la pared, frente a siete enormes perros, dispuestos a despedazarlo. Y detrás de él, acercándose, venían más. Muy lentamente, llevó la mano a su espalda, sosteniendo el migrador de almas. Los perros eran inteligentes, incluso sensibles a la fuerza. Suponían que su presa se veía completamente perdida, por éso esperaban a ver qué se disponía a hacer. Concentró su energía vital en el bastón, mirándolos uno por uno. Levantó un poco el bastón, y golpeó con fuerza el suelo, al mismo tiempo que liberaba la energía contenida. De este modo provocó una onda expansiva con la fuerza, que impactó en los perros, sorprendiéndolos, y los lanzó por los aires, haciéndolos caer a una distancia considerable. Pero no había hecho más que ganar tiempo, pues los demás estaban a pocos metros de él, y eran casi una veintena. Ayudándose del poder del bastón, concentró toda la energía de su alrededor en él, dejándola fluir por su interior, para finalmente transmitirla a su piel, la cual comenzó a brillar. Flexionó las piernas, y finalmente saltó, mientras liberaba la energía contenida. En ese momento ascendió, a la vez que su cuerpo al completo se volvía vaporoso con un humo grisáceo, el cual quedaba en el aire en forma de estela. Pasó por encima de las otras criaturas, las cuales se mostraron sorprendidas ante la repentina aparición del ser humeante, de modo que lo siguieron rabiosas con la mirada, hasta que comenzaron a perseguirle. Pero ahora Kainet era el doble de rápido que ellas, de modo que las dejó atrás. Sabía que no sería capaz de mantener su estado durante mucho tiempo, de modo que siguiendo la agrupación de las demás presencias, avanzó rápido en el aire, en dirección a la ciudad. Y llegó en pocos segundos frente a las puertas, las cuales estaban ocupadas por varias criaturas de piel rojiza y unos pocos de los mismos perros. Se posó en el suelo con gracilidad, mientras su cuerpo volví a su estado normal. Mientras comenzaban a caminar hacia él, envainó la espada y el bastón. Sabía exactamente qué hacer. En cuestión de segundos se vio completamente rodeado. Los seres de piel roja le habían rodeado, armándose con lanzas y espadas, pero no atacaron. Kainet pasó poco a poco su vista por cada uno, concordando así en que todos pertenecían a la misma especie: los sith purasangre.

Un enorme sith avanzó hacia Kainet armado con una gran maza y los ojos inyectados en sangre. Otros tantos le hablaban en un idioma completamente desconocido para él. Mientras tanto, se remangó el brazo derecho, dejando al descubierto el amuleto de Muur. Lo alzó a la altura de su rostro, señalando con él al sith, mientras liberaba la fuerza del artefacto, que emitió un brillo rojizo. El sith se detuvo un momento, mirando el amuleto, y de repente, se encorvó, arrodillándose y soltando la maza. Había comenzado a gritar, mientras los demás sith retrocedían sorprendidos y asustados. La piel del sith comenzó a levantarse, dejando a la vista tonos grisáceos, mientras su cuerpo se convulsionaba y deformaba. Al cabo de unos segundos, se irguió una terrible criatura de casi tres metros de altura, sobre sus dos patas, terminadas en garras. Sus brazos eran enormes, y también terminaban en grandes garras. El enorme ser miró a su agresor, pero no se movió lo más mínimo. Los sith, por otro lado, habían retrocedido, unos por la imagen de la criatura transformada, y otros por el enorme poder que había demostrado el visitante. De repente, de entre la turba, comenzaron a emerger unos pocos personajes destacados por sus ropajes. Su piel era bastante blanca en comparación con la de los sith. Unos pocos vestían distintos amuletos, además de ropajes de distintos tonos. Sin embargo, todos portaban un mismo objeto: espadas sith. Fue entonces cuando Kainet advirtió de un rostro conocido, un rostro que había visto en su mente repetidas veces: Karness Muur destacaba en la compañía de los reconocidos como Jedi Oscuros. Kainet volvió a ocultar el amuleto, y permaneció mirándoles, esperando. Sin embargo, nadie dijo nada durante un buen rato, aunque muchos de los Jedi Oscuros se miraban entre sí repetidas veces. Finalmente uno de ellos, que Kainet no supo reconocer, murmuró:
Quién eres tú, extraño viajero... Él permaneció un momento en silencio, atento, pues la experiencia le había enseñado a no fiarse de los sith. Yo soy... De nuevo, calló. No se había preparado para esa pregunta, y sabía que lo último que podía asegurar era que era un jedi del futuro. Sin embargo, las palabras brotaron de su mente, mientras que algo se alteraba dentro de él. Yo soy el enviado de la oscuridad, el saliente que nació de entre las sombras en busca de fuerza. Hice frente a los sacerdotes de Tython, pero me derrotaron... Pero sobreviví... y os busqué a través de la fuerza. Detecté entonces un creciente poder tenebroso en Korriban, más allá de la galaxia conocida, de modo que acudí... El silencio reunió sobre la zona. Los purasangre se habían armado de nuevo, y pese a no poder ocultar su miedo por el visitante, estarían dispuestos a acabar con él a la menor orden de sus superiores. Fue entonces otro el que habló. Y qué pruebas tenemos de que dices la verdad... A su alrededor, notaba el nerviosismo de los que lo rodeaban, que poco a poco perdían la paciencia. Mientras tanto, él llevó lentamente una mano al bastón del alma, murmurando. No es mi testimonio lo que confirma mis palabras... Tomó el bastón y lo apoyó en el suelo con fuerza. sino el tremendo poder que puedo llegar a mostrar. Permitid que me una a vosotros, dadme vuestros conocimientos y yo os daré los míos... y juntos, derrotaremos a esos ingenuos sacerdotes que osaron desterraros... Y empleando la fuerza a través del ladrón del alma, tomó posesión de la mente de Karness Muur. De éste modo, pronto pudo percibir los pensamientos del sith, que se unieron a los suyos. A su mente llegaban susurros de los otros sith, que al parecer debatían telepáticamente. Al fin, Kainet se decidió a completar su mentira, hablando a través de Karness Muur. Ahora lo veo... percibo en él una gran fuerza, un tremendo poder... algo que sólo he visto una vez en mi vida. La luna oscura que reina en el cielo de Tython se asemeja a tu alma, extranjero...Todos se giraron hacia el lord sith, sorprendidos por sus palabras, ya que nadie era capaz de percibir nada más allá del cuerpo del visitante. Tendremos que ver qué eres con más atención, pero por el momento no hay problemas en que permanezcas... hospedado aquí. Serás nuestro huésped y a la vez nuestro prisionero, y esperarás con nosotros a que decidamos qué hacer contigo. Kainet asintió. Desde luego, seguramente las palabras hubieran sido diferentes de haber salido del auténtico Karness Muur, pero él se había esforzado en hacerlo de forma que asegurara su supervivencia sin que nadie descubriese su treta. Empleando el control en la mente de Muur, hizo que el sith le ofreciera el paso a la ciudad, a la que él accedió, rodeado por todos los sith, que le arrojaban miradas de miedo, curiosidad e incluso rabia. Pero al fin y al cabo, al fin algo había cambiado en él. El contacto y posterior control mental sobre Muur había completado el círculo que llevaba tiempo desarrollándose. La oscuridad, había vencido.

Cambio de Jedi a Sith.

Pese a todo, el roleo continuará.
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Mensaje por Invitado el Miér Ene 09, 2013 10:47 pm

Bienvenido al lado oscuro. Tal como se tiene que ser, el roleo posee su nivel de gramática, la narración está bien, cosas tuyas generalmente. Has planteado bien tu caída en el lado oscuro de la fuerza, espero que continues el roleo, estaré al tanto. La ambientación de Karness Muur y generalmente todo el medio, la línea histórica, está bien ambientado.

Es válido tu cambio, saludos.

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Mensaje por Jensaarai el Sáb Ene 26, 2013 7:23 pm

Los días, y posteriormente las semanas en Korriban pasaron rápidas. Por supuesto, los Sith no se habían fiado en un principio de su extraño visitante, por lo que sus movimientos habían sido extremadamente limitados y controlados por un grupo de massasi que lo seguían allá donde fuera. Sin embargo, poco le importaba, pues tenía bajo su control a Karness Muur, uno de los personajes más influyentes de la Cámara de los Lores Sith, de modo que se había asegurado no sólo estar en constante alerta ante las decisiones de la Cámara, sino que además había podido internevir en ella. Sin embargo, para lograr ganarse la confianza de los sith, había tenido que auto imponerse una prueba de supervivencia, en la cual tendría que hacer frente a una terrible bestia. A través de Muur, había sabido que esa bestia no era otra que un tuk'ata de proporciones gigantescas. Él no tenía miedo, pero no estaba del todo seguro de ser capaz de derrotar a semejante animal. Sin embargo una cosa era segura: no le iba a temblar el pulso a la hora de enfrentarse a la muerte.


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Ahora, avanzaba en silencio por un sendero ausente de materia viva. Iba rodeado por el característico grupo de massasi, todos armados con mazas y espadas, sin quitar su atención de él. Cerrando la marcha, iban Karness Muur y otro Lord sith, que serían los encargados de controlar lo que hacía mientras se enfrentaba al monstruo. Según avanzaban, el sendero, que en un principio mostraba el tono marrón del desierto, empezaba a cambiar a un frío gris cada vez más oscuro. Y acompañando al cambio del ambiente, Horuset comenzaba a desaparecer, mientras que cuatro de las lunas de Korriban aparecían en mitad del manto oscuro. Pronto, el paisaje plano desapareció para transformarse en un paisaje rocoso. Horuset terminó desapareciendo tras una montaña, y la oscuridad envolvió a la compañía, pero nadie redujo el paso.
Horas después de iniciado el camino desde la ciudad, al fin se detuvieron. Fue entonces, cuando el Lord sith que acompañaba a Muur avanzó hasta Kainet, mientras que los massasi les dejaban espacio. El ser al que te enfrentarás no tiene nombre... Simplemente es nuestro engendro más antiguo y poderoso, tan poderoso que en su día, fuimos incapaces de controlarlo, de modo que tuvimos que deshacernos de él. Sobrevive a él, demuéstranos que la teoría de Muur es cierta, y la tuya también. Ahora, ve.
Dicho esto, retrocedió junto a los massasi. Kainet se dio la vuelta sin más, y miró al frente. En la oscuridad no se advertía el menor movimiento, a excepción del susurro del viento. Tomó aire un instante, y sujetó la empuñadura de la espada, notando el calor que le transmitía. Fue entonces, cuando asintió para sí mismo, y echó a caminar, primero despacio y seguidamente algo más deprisa. Según caminaba, escuchaba gritos a sus espaldas, gritos del mismo Lord sith que le había hablado. Sin embargo éste hablaba ahora en otro idioma, el idioma sith. Una luz se alzó en el cielo, a espaldas de Kainet, y voló sobre su cabeza pasando de largo, hasta que llegó a cierta distancia y explotó, iluminando momentáneamente la oscuridad. Él continuó avanzando, atento a cualquier ruido por menor que fuese, pero siguió en movimiento recto durante varios minutos y nada cambió a su alrededor. Hasta que, finalmente, escuchó un rugido en la distancia, un rugido que rasgó el aire de la noche e hizo eco en las formaciones rocosas. Siguiendo al rugido se empezaron a escuchar enormes pisadas, cada vez más continuas y fuertes. La bestia además de estar acercándose, sabía exactamente dónde estaba el invasor. Kainet esperó en silencio, mientras ocultaba su presencia en la fuerza, esperando poder evadir así los sentidos del tuk'ata. Sin embargo, en apenas unos pocos segundos, apareció.



[Roleo Jensaarai] La sombra del tiempo [Kaar] Tukata


Enorme y tenebrosa, la bestia ascendió por la roca hasta dejarse ver, no sin antes repetir el mismo rugido, el cual ahora surgió con tal fuerza que hizo temblar el suelo. Kainet desenvainó la espada de fuego, y la interpuso entre él y el tuk'ata, pero sabía que no iba a lograr intimidarlo así, de modo que retrocedió un par de metros para ganar espacio. La bestia se alzó a dos patas y se abalanzó hacia él, haciendo temblar una vez más el suelo con sus pisadas. Llevó su zarpa derecha con gran velocidad hacia Kainet, que rodó por el suelo a tiempo de esquivarla y ponerse en pie, viendo así el tremendo desgarrón que había causado en la tierra. Mientras tanto, el enorme perro se giró y lo contempló, y por un momento, pareció que se estaba riendo con malicia. Los ojos del sith, entretanto, se habían tornado a un intenso amarillo, mientras se erguía, perforando con la mirada al animal, que de nuevo se abalanzó contra él, ahora bajando la mandíbula. El sith saltó a tiempo de evitar tan siquiera rozar su hocico, y cayó de pie sobre su lomo, extendiendo los brazos para mantener el equilibrio. En apenas un segundo, bajó la espada y la clavó sobre su lomo con todas sus fuerzas, para finalmente caer, arrancando la espada debido al continuo movimiento de la bestia, rodando al llegar al suelo. El tuk'ata se retorció un momento de dolor, debido a la ardiente herida. Es vulnerable al fuego... El sith alzó la vista tras de sí, atendiendo a una gran colina rocosa. Sin pensárselo dos veces, ascendió por la colina rocosa en apenas diez segundos, impulsado notablemente por la fuerza, mientras que el tuk'ata terminaba desistiendo del dolor, y buscando con la mirada al sith, que mantenía su presencia oculta. Aprovechó el momento de despiste de la bestia para clavar la espada con fuerza en lo alto de la colina, empleando su energía para "activarla". De este modo las llamas emergieron alrededor del filo de la espada. Fue entonces cuando la soltó, y manipuló las llamas mediante la fuerza, haciendo que fueran creciendo más y más en torno a ella. Entretanto, la bestia ya lo había detectado, de modo que corrió hacia él. El tremendo avance sorprendió un tanto al sith, sin embargo reaccionó al momento. Con un grito de furia, alzó las manos y el fuego siguió su trayectoria, alzándose sobre sí mismo formando un enorme muro que iluminó la zona y dificultó la respiración del sith, que tuvo que retroceder. Y una vez se hubo posicionado, usó de nuevo la fuerza para impulsar el fuego hacia abajo, en dirección al tuk'ata, que lo recibió de frente, de modo que las llamas recorrieron todo su cuerpo, envolviéndolo en sus abrasadoras lenguas. Se retorció por el suelo, casi aplastando a Kainet, que retrocedió ahora más rápido, contemplando al animal, cuyos gritos de dolor resonaban en la noche. La espada volvió a la mano del sith por atracción de este, y la envainó. Todavía estaba caliente. Algo ligero, para alejarse lo más posible del tuk'ata, retomó el camino de vuelta, bajando antes por la colina. Minutos después llegó ante la vista de los Lores sith y los massasi, que se mostraban un tanto sorprendidos. Antes de darles tiempo a hablar, fue él quien habló.

De ahora en adelante me conoceréis como Lord Klarhet

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Dicho esto hizo que Muur le reverenciase en señal de respeto, y el Lord sith, dubitativo, imitó a Muur con otra reverencia, al tiempo que los massasi se arrodillaban a su alrededor.
Ya estaba todo hecho... ahora le tocaba aprender...

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